Caminos y senderos por el Sur de China…

El viaje a China realizado entre los meses de Marzo y Abril, formaba parte de un proyecto que llevaba fraguándose desde hace ya algunos años.

Aunque , nuestra tradición de Karate Do, nos sitúa Japón, y sobre todo la Isla de Okinawa, como referentes indispensables para comprender el significado de lo que hacemos, siempre había sentido curiosidad por su gran vecina China, cuna y origen de las artes marciales orientales y japonesas.

Hay que tener en cuenta que Japón y China han ido siempre de la mano y se han influenciado mutuamente. Algunas veces acercándose, otras alejándose, incluso enfrentándose entre sí, pero siempre han estado relacionadas de alguna manera. El Karate Do está irremediablemente muy influenciado por la cultura China, de la que se nutre ampliamente.

Los grandes maestros de Karate de Okinawa , encontraron en China las raíces de lo que sería más tarde el origen del Karate Do tal cual lo conocemos hoy en día. Por ello, multitud de katas Japoneses son de origen chino, como Pappuren , Nipaipo, Sanchin, Haffa…Habrá katas que posteriormente, por diversos motivos, cambiaron sus nombres chinos a nombres más japoneses, como en el ejemplo del kata “Wankan” nombre en Chino, cambiado a japonés por “Matsukase”. Incluso existirán maestros que influirán en el Karate Do y en el propio Kenwa Mabuni , como el maestro Go kenki que era de origen chino. Su nombre chino era Wu Xian Gui , “Go kenki” es un apodo okinawense que significa “gran maestro”.

Como ejemplo de estas influencias, se encuentran los Jintai Kyusho, traducidos por los Puntos Vitales, empleados en Karate Do, los cuales provienen directamente de los puntos de acupuntura de la Medicina Tradicional China. El sentido de las defensas y los ataques provienen de los flujos y movimientos energéticos que se recogen y se describen en esta medicina. La Medicina China explica desde una concepción Taoísta, la forma de entender el mundo en el que vivimos y la relación del hombre dentro de este mundo, la relación que se establece entre el hombre y la naturaleza.

Otro ejemplo se halla en la práctica meditativa, la actitud meditativa, la necesidad de fijar la atención en una sola cosa y en un solo momento, el lograr estar presente en el aquí y en el ahora, el concepto del vacío, la necesidad de la armonía en el movimiento y en la vida…conceptos todos que vienen recogidos en las tradiciones Budistas de China, que también influirán en el Karate do. Hay que recordar que el Budismo Chan, que tiene su origen en China, llegará a Japón y se transformará en Budismo Zen.

China transmitirá su escritura, sus caracteres, sus pinceles, su tinta y su papel hacia Vietnan, Corea, Taiwan…y también a Japón.

Japón adopta la caligrafía china, pues no tenía medios de expresión escrita, sobre el año 285 D.C. momento de la entrada en la isla de los primeros textos budistas que provenían de China.

Mientras tanto, China ya llevaba entre cuatro y cinco mil años, antes de la invención del papel, practicándola, con los primeros pictogramas realizados con buril sobre superficies duras como el caparazón de tortuga, hueso, piedra o bronce. Hacia el siglo III A.C. nace la caligrafía con pincel practicada por los funcionarios, realizadas con un pincel un poco rígido, siendo de formas muy elegantes. Japón, adoptará sus utensilios de escritura, sus estilos y las obras de sus grandes maestros. Con el paso del tiempo evolucionará atendiendo a las peculiaridades del pueblo japonés y por necesidades lingüísticas, introduciendo el Kana, (que consta de dos silabarios, el Hiragana y el Katakana) e incluso más adelante aún, desarrollará un “camino ” desde la caligrafía, el ShoDo, o camino de la escritura, una vía de aprendizaje, espiritualidad y desarrollo personal.

Por todo ello, para entender un poco más la tradición del Karate do se me hacía necesario investigar algo más de la cultura china.

Desde hace algunos años, comencé a practicar caligrafía. En primer lugar comencé con la Caligrafía Japonesa. Más tarde pude estudiar Caligrafía China, ampliando conocimientos con diversos maestros y diversas prácticas en diferentes estilos.

Mi acercamiento hacia la caligrafía, comparte el planteamiento de considerarla un Arte Marcial basado en la escritura. Con ella, se aprende a dominar la energía vital, nuestra energía interior para alcanzar el equilibrio del cuerpo y la mente.

Ir a China suponía continuar esos estudios de caligrafía. Mi objetivo era matricularme en la Universidad de Arte de Hangzhou.

Dicho esto y tras 10, 500 km, y 19h después, atravesando una buena parte del mundo, aterrizo en Shanghai , en el Sur de China y comienzo el viaje por estas tierras de Oriente…

Aprovecho mi estancia en esta capital financiera, para acomodarme a esta nueva realidad, a sus olores, sus comidas, sus gentes, su ritmo, su propio movimiento como ciudad que nunca descansa. Shanghai es un gran centro cosmopolita de los negocios y el diseño. Luces y neón, edificios enormes, gente por todos lados, rascacielos, puestos ambulantes. Comienzo a observar algo que se confirmará durante todo el viaje. China se debate y convive entre la modernidad y la tradición. Antiguos Templos, como el del “Dios de la Ciudad” o los Jardines y bazares de Yùyuán de la dinastía Ming, con limpios estanques de carpas, pinos que surgen de las rocas, puertas redondas o techos puntiguados, en dirección al cielo…se hayan envueltos por los grandes edificios de metal y brillante acero, de hasta 100 pisos de altura que dominan el panorama económico de esta ciudad…

Una visita especial que realicé fue al Museo de Arte de Shanghái. Existe una sala expresamente dedicada a la caligrafía, donde se puede observar y disfrutar de un recorrido por toda la historia de la caligrafía en China y sus diversos estilos. También cuenta con una colección de sellos para estampar de rojo las obras caligráficas, una sala de objetos de cerámica, trajes de época o colecciones de muebles de diversas dinastías. Impresionante. Volveré hasta en tres ocasiones a estas salas, para relajarme del bullicio, comprar libros o sencillamente disfrutar de una tarde contemplativa…

Compruebo como todo en China es inmenso, enorme, gigantesco y sobrecogedor. Es el tercer país más grande del mundo, después de Canadá y Rusia, y cuenta con una superficie terrestre de 9.600.000 kilómetros cuadrados. (España apenas tiene 505.370 km cuadrados)

La ciudad de Shanghai, es una de las ciudades más pobladas del planeta con 20 millones de personas. El rio Yangtsé cruzando una buena parte del territorio, tiene un recorrido de 6.300 km. Unos 1.500 millones de personas se levantan cada día en estas tierras, saludando al nuevo día. Lograron construir la gran muralla, la mayor construcción humana del planeta con 8.850 km de largo, que incluso pudo ser fotografiada desde la órbita terrestre…,y todo sigue creciendo…. actualmente los últimos pisos de los inmensos rascacielos se pierden entre las nubes. Me siento cada vez más pequeño en esta inmensidad.

A apenas 180 Km de Shanghai se encuentra Hangzhou. Capital de la provincia de Zhejiang. En esta ciudad se encuentra La Academia de Arte.

Hangzhou, conocida como “el paraíso en la tierra”, es uno de los atractivos turísticos más populares de China. Situada a la orilla río Qiantang, contiene el famoso Lago del Oeste en su parte occidental. Un lago espectacular que representa el ideal de belleza clásica de China, elogiado por poetas como Su DongPo y favorito de muchos emperadores. Se halla bordeado de un entorno mágico de sauces llorones, antiguas pagodas, verdes montañas y colinas brumosas… Un entorno natural que fácilmente me seduce, mientras observo los barcos surcando sus aguas lentamente, generando una escena de extrema placidez y serenidad…

Afortunadamente, la Academia de arte de China se encuentra a apenas 50 metros del Lago. El lugar es ideal. Es una de las excelentes universidades más prestigiosas de las artes y la más influyente academia de bellas artes de China. Logro matricularme a través del  Instituto de Educación Internacional, y me incorporo a una clase diversa. El sistema de aprendizaje es el de observar, copiar y repetir las obras de los grandes maestros. Corrección, y vuelta a observar, repetir y copiar… Por ello no me es difícil incorporarme aunque el curso esté avanzado…

Puedo alojarme en la Universidad y todo se hace más fácil. Las siguientes semanas las paso a las mañanas estudiando y practicando caligrafía y por las tardes explorando Hangzhou.

El lago me permite muchísimas escapadas. Es gigantesco. Cientos de barcas lo cruzan. Los atardeceres son espectaculares. El cielo cambia de color. El naranja intenso predomina. Los reflejos en el agua crean dobles paisajes. El sol se oculta tras la Pagoda de Léifeng creando una atmósfera de delicada quietud, ante el lento vaivén de las aguas del lago.

Los fines de semanas acuden muchísimos turistas a Hangzhou. Todo el turismo es nacional. Tengo la sensación de ser el único extranjero. El lago se convierte en toda una fiesta multicolor. Mi primera impresión es la de un pueblo que ríe. Un pueblo con un sentido del ridículo y la vergüenza diferente al occidental. Por todos lados hay corrillos de personas. Unas bailan vals en pareja, sueltas, acompasadas y sin acompasar, lo importante es bailar…, otras cantan y se van turnando para poder desde un micrófono, deleitar a quien se encuentre por allí, algunas armónicamente, otras desafinadas y otras estridentes…no importa. Hay grupos que tocan con instrumentos de cuerda y viento, antiguas y tradicionales melodías ancestrales… las escenas van cambiando continuamente, personas practicando caligrafía en el suelo, con agua y enormes pinceles, haciéndose fotos con trajes de época, volando gigantescas cometas……, cientos de puestos de comidas, bicicletas por todos lados, casas de té, donde sirven el delicado y riquísimo té de Longjin, nombre de la aldea local, que significa “Pozo del dragón”, considerado como el mejor té verde de China…

El bullicio es constante. Sentados a orillas del lago, cientos de personas, toman el sol, conversan, se divierten y sencillamente gozan de la vida.

Por las mañanas o al atardecer, en cualquier espacio natural, he podido observar a multitud de personas realizando suaves y armoniosos movimientos de Tai Chi Chuan, o estabilizándose y enraizándose con la práctica del Qi Gong. Apenas existe parafernalia, ni adornos estéticos. No existe ropa especial, ni necesidad de grupos de personas para realizar una actividad. Todo estaba integrado. Nadie se extraña de estas prácticas. Están presentes en su cultura y su manera de hacer.

Los días continúan entre horas de estudio y dura práctica, y paseos y largas caminatas. Visitando templos de cientos de gigantescas figuras budistas, talladas en piedra, montañas escondidas, bosques verdes de bambú, pagodas donde se guardan reliquias sagradas…y sobre todo disfrutando y admirando su caligrafía.

Me impresiona descubrir como la caligrafía forma parte de la vida de China. Todo está mediado por la caligrafía. En cualquier lugar, ya sea un Banco, una pequeña tienda, una farmacia, ó una sala de té…se hayan rollos de caligrafías en la pared, adornando y embelleciendo el espacio.

El arte de la caligrafía cobra una dimensión distinta en Oriente. Más allá de ser un método de escritura y comunicación, transciende el simple método de escritura y se transforma en una expresión artística del interior del ser humano.

La caligrafía implica una actitud ante la escritura. Pretende lograr una perfecta armonía entre los materiales que se utilizan y la propia experiencia interna de la persona. Conectar con su experiencia cognitiva y sensitiva, su manera de entender el mundo, sus necesidades y sus anhelos, sus preocupaciones y sus estados de ánimo. Todos estos aspectos influirán en la obra final que se caligrafíe, mostrando en esta belleza de los caracteres chinos, la energía interior del calígrafo, el Qi, que fluye a través del movimiento del pincel, el gesto de la mano, la forma del trazo y la tinta.

Sin duda, es un camino estético, técnico, filosófico y espiritual. Su práctica permite disfrutar de una profunda sensación de tranquilidad y paz interior. Como dice el calígrafo François Cheng:

“Caligrafiar consiste en captar el espíritu de la vida y plasmarlo en un momento dado de la eternidad”

Cuando expreso la Caligrafía como un arte marcial, considero que hay una serie factores que van implícitos y que se hacen necesarios a la hora de utilizar un pincel, como la importancia de ser conscientes de momento presente, de realizar una búsqueda en el interior del ser humano, de no importar el resultado, sino el desarrollo, la práctica, el esfuerzo o la constancia. Se encuentra presente la necesidad de acallar la mente , de ser conscientes del vacío, del contenido de su inexistencia y de todo aquello de los que está formado,… de practicar sin pensar en el objetivo final al que nos dirigimos, de intentar entender la fugacidad de lo que nos rodea, para saborear la inpermanencia de las cosas.

Es un intento de poder llegar a movernos en un espacio de armonía donde no impere la gravedad de la fuerza sino la sutileza y la fluidez, el dejar pasar y el acompañar. Incluso los conceptos de Rakka, Ryu Sui, Teni, Kusshin o Hangeki están presentes en el trazo caligráfico.

Es necesario poder lograr anticiparnos al siguiente trazo, poder pararlo en seco , girarlo, no permaneciendo inmóvil, eliminando las rigidices, variando el ritmo, la velocidad, doblegándonos al papel, a la emoción que se genera, al vacío que se crea, dejando surgir las pincelada, dejándolas pasar, actuando siempre en movimiento…como el agua que fluye… siendo en definitiva la caligrafía igual que el Karate Do, o el propio Zen, una pretensión de calmar la mente y armonizar el flujo de la energía…

Como dice el Dao de Jing, en su capítulo 10:

Unir cuerpo y mente en un conjunto del que no puedan disociarse. Equilibrar el Qi hasta hacerlo tan armónico como el de un recién nacido. Purificar la visión interna hasta dejarla libre de todo vicio…, esta es la Gran Virtud”.

En este viaje he podido contemplar una ínfima parte de la grandiosidad de China. Y mis pasos continuaron por otras localidades y provincias, imaginando el esplendor de las antiguas y bellas ciudades acuáticas de Shàoxing, y Wuzhen, asombrándome con las formas caprichosas de las montañas que se pierden entre las nubes, características de las pinturas chinas en el paisaje de Guilin, estremeciéndome con los espectaculares y sagrados picos Kársticos de Yangzhou, o dejándome llevar por las rítmicas corrientes que dirigen el barco por el rio Li… En otra ocasión podremos compartir algo más de estas experiencias…

Me despido con una pequeña historia que habla de artes marciales…

“Había una vez, dos samuráis de idénticas habilidades técnicas en la lucha, que se tenían que enfrentar entre sí. La lucha se haría con espadas. Tan igualados técnicamente estaban, que no se sabía quién de los dos podría ganar ese combate. Uno de ellos se pasaba el tiempo entrenando las técnicas ya aprendidas. El otro se lo pasaba copiando y repitiendo con enérgicas pinceladas, una palabra caligrafiada por el oponente. Sabía que sólo repitiendo esa caligrafía, una y mil veces, podría encontrar el “movimiento” del contrario. Encontrar su movimiento interno, aquello que fuese su expresión del alma. Sólo así, podría llegar a conocerlo. Solo así podría vencerle.”

Pd: En la provincia de Henan se encuentra Dengfeng , una pequeña ciudad rural situada a los pies del Monte Song, una de las cinco montañas sagradas de China y que alberga el famoso Templo de Shaolin. A parte del Templo Shaolin, hay más de sesenta escuelas de artes marciales sólo en Dengfeng. Queda pendiente para un nuevo viaje.

Un saludo, Paco Lozano…

Mò Shí

Los comentarios están cerrados.